Grupo Rivas

Carta al hombre que eligió a su mamá y no a mí

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Carta al hombre que eligió a su mamá y no a mí 4Pensaba que nuestro amor sería más fuerte que tu dependencia, que tu inmadurez y que tu ingenuidad.
No se trataba de que eligieras a una de las dos, ella es tu madre y yo era tu pareja y compañera, no se trataba de luchar para ver quién se quedaba con tu amor o con tu atención, no se trataba de nada de eso porque, evidentemente, estaba claro que yo iba a perder. Se trataba de que fueras un hombre maduro e independiente, un hombre que defendiera nuestra relación a capa y espada, se trataba de que fueras un hombre que hiciera todo lo que estuviera en sus manos para salvar nuestro amor.

No culpo a tu madre por nuestra separación, sino a la situación en la que nos metió; sí, es tu mamá, pero nos hizo mucho daño cuando quería entrometerse en nuestros asuntos y tú no le ponías un alto. No, jamás te puse entre la espada y la pared, jamás te di a elegir entre las dos, yo confiaba en ti y pensaba que nuestro amor sería más fuerte que tu dependencia, que tu inmadurez y que tu ingenuidad.

No, con tu mamá no me meto porque ella te dio la vida y porque es la mujer que más admiras –como todos los hacemos con la nuestra– sin embargo, tu poca capacidad para tomar decisiones fue la culpable de que nuestra relación se derrumbara. No, no fue tu mamá, fuiste tú.

No quería que me eligieras a mí, sino que sobrellevaras la situación, que tomaras el control y que supieras valerte por ti mismo. Que tuvieras claro lo que quieres y lo que no, que te dieras cuenta de que ya eres un adulto que puede tomar sus propias decisiones y que me apoyaras en no dejar que se cayera este amor. No tuviste la fuerza, no pudiste porque, una vez más, tu mamá estuvo aquí.

No lo soportaba más, era necesario salir de allí; necesitaba mi propio espacio y que dejaran de juzgarme sin razón, pero, sobre todo, quería dejar de cuidar a un niño. Quería dejar de tomar decisiones por los dos, quería dejar de luchar por algo que no sólo a mí me pertenecía. No podía más y lo siento. Me sentía cansada y agotada, además de ignorada porque ni siquiera estoy segura de que me escucharas –ya vi que no– no podía ver cómo tú mismo te perjudicas y no te permites ser libre. No hablo de que dejes a tu madre, pero sí de que vivas.

No, no culpo a tu madre, culpo tu inmadurez. Ésa sí fue la culpable de que rompiéramos. Saludos a la familia.

Fuente:CulturaColectiva

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