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¡Cómo evitar que las emociones te dominen!

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angustiaLas emociones son la fuerza que hace que movamos nuestra vida, y es que a través de ellas sentimos nuestras necesidades y le damos un propósito fundamental a las cosas. Y es algo que tiene un impacto en todos los aspectos de nuestra existencia. Pero hay ocasiones en las que las mismas nos pueden llevar a tomar conductas dañinas para nosotros mismos y hasta para los demás.

Por eso queremos enseñarte la manera en que puedes ayudarte a ti mismo o alguien cercano que este pasando por un mal momento, emocionalmente hablando.

James Gross, profesor de Psicologia en la universidad de Stanford, Estados Unidos. Ha planteado un modelo de 4 etapas donde fija la secuencia de acontecimientos que se producen cuando estimulamos nuestras emociones, y la llamó “modelo modal”: una situación nos llama la atención, nos lleva a valorarla, pensamos en el significado de la situación y reaccionamos con una respuesta emocional a ella.

Según Gross la mayoría somos incapaces de regular nuestras emociones y seguir este proceso antes de actuar, y solo atendemos al paso 4. Sentimos algo y actuamos, punto.

La mayoría de los consejos nos llevan a no dejarnos llevar de forma inmediata, y atender a los primeros tres pasos.

El primer paso es la conciencia. Empezar a controlar las emociones pasa, necesariamente, por darles nombre. A veces resulta irónicamente difícil identificar lo que se siente: tienes una respuesta emocional preparada, más no sabes definir qué la dispara. Es fácil saber si lloras por tristeza o alegría, pero en medio de las emociones explosivas, como la ira, es más difícil saber si su causa es la frustración, culpa, celos, si te sientes herido, abandonado u otro millar de posibles razones más.

Segundo, Descubrir el porqué. No nos sentimos tristes o enfadados por nada. Las emociones son el resultado tanto de lo que sucede, como de la historia que te dices acerca de lo sucedido. A veces tu respuesta efectivamente no corresponde con el estímulo del exterior, sino por lo que te ha dado por asumir sobre él, pero siempre hay un por qué. ¿Qué está causando este sentimiento? Por supuesto, como decíamos, podría haber un millón de razones, pero la mente siempre va a buscar primero una respuesta exterior. Es el denominado “sesgo de correspondencia” o error fundamental de atribución. Consiste en que tendemos a culpar al exterior de lo que nos pasa; aún si algo es claramente nuestra culpa o si fue simplemente aleatorio, culpamos a otros, preferentemente a quienes tengamos más cerca. Normalmente no es sabio culpar a otros de nuestros problemas ni de nuestras reacciones, pues sólo en lo que es culpa nuestra podemos hacer efectivamente algo. Es más práctico asumir la posible responsabilidad para configurar nuestra propia solución y que así no dependa de lo que los otros hagan o dejen de hacer.

Tercero, Preguntarse cuál es la solución y tomarla. Una vez se ha descubierto por qué, hay que averiguar qué se puede hacer para recuperar el control. Y, la parte más difícil, elegir cómo reaccionar. Se ha demostrado que te crees aquello que haces, es decir, por ejemplo, los científicos han descubierto que el hecho de sonreír a propósito (es decir, de fingir una sonrisa de forma voluntaria) puede ayudar a que la gente se sienta mejor, porque la mera expresión desencadena endorfinas y dopamina automáticamente. Lo que quiere decir que, en última instancia, se puede elegir cómo sentirse.

Si no controlas tus habilidades emocionales, si no tienes consciencia de ti mismo, si no eres capaz de controlar tus emociones estresantes, si no puedes tener empatía y relaciones efectivas, entonces no importa lo inteligente que seas, no vas a llegar muy lejos – Daniel Goleman.

Fuente: https://flipboard.com/

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