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Cómo vivir el amor sanamente en una época de internet y rupturas

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Tabúes o trabas sociales asociadas al tema han existido miles. Y como surgen, caen. La virginidad hasta el matrimonio, o el compromiso de amor eterno al firmar un contrato nupcial, son sólo algunas de las transformaciones que, quienes hoy pasan los 60 años, han visto derrumbarse.

“Tienen un modelo mucho más clásico, pero son la generación donde el divorcio empezó a ser una posibilidad. Está la opción de separarse y enamorarse nuevamente. Dejó de ser un tabú, pero internamente tuvieron que lidiar con el discurso de la cabeza y de la sociedad”, explica, aclarando que, especialmente poniendo a los hijos delante, se esperaba que en las parejas se aguantara maltrato, desamor e infidelidades, antes que pensar en la separación.

Al referirse a las mujeres que hoy bordean los 40 años, se pueden ver las repercusiones en la vida cotidiana. Como dijo la profesora y activista feminista Silvia Federici, eso que por muchos años llamamos amor es realmente trabajo doméstico no remunerado. De esa forma, la transformación del modelo de familia, donde además de un hombre proveedor estaban en la casa hermanas, tías y abuelas que colaboraban con la crianza y los trabajos de la casa. Hoy, el cambio de composición del hogar lleva a que las mujeres, además de trabajar para vivir, deban hacerse cargo de gran parte de las tareas domésticas.

Para la sicóloga, eso ha derivado en un conflicto complejo para las parejas de esa generación. Sin el tabú de la separación y el mandato del amor eterno, están en proceso de adaptarse a la corresponsabilidad real en las tareas de la casa, donde la participación masculina muchas veces se sigue concibiendo como ayuda, más que como un deber. “La pareja se vuelve un espacio de tensión, porque se depositan muchas expectativas. Antes el hombre proveía y la mujer contenía emocionalmente y criaba”.

Estas mismas transformaciones llegan también al terreno del romance, ese espacio que se levanta como un suelo pantanoso, donde surgen inseguridades y cuestionamientos al atractivo y las formas de vincularse con potenciales parejas. Si nos centramos en las mujeres, una generación que creció viendo el programa animado Candy tiene que debatirse en las historias de amor romántico, donde galanes salvan a chicas desvalidas, con la idea de una emancipación que trae consigo autonomía y también derecho al goce.

“Tenemos la posibilidad de decir ‘no somos como nuestras mamás’, plantea la sicóloga. Al mismo tiempo, aclara que eso ocurre sólo en un segmento de la población. Sin embargo, por temas culturales, todavía existen muchas mujeres que tienen problemas con buscar sexualmente, o con demostrar delante de otros que disfrutan del sexo”, explica Thomas.

Abrumantes posibilidades
Años después de que las abuelas se dieran cuenta de que el amor no tenía por qué ser para toda la vida y que las madres se separaran con algo menos de culpa, llegaron los millennials, una generación que, entre muchas otras cosas, construye discursos que parecen propios, pero que son herencias de movimientos anteriores. Hablamos, por ejemplo, de cuestionar el amor romántico o el surgimiento del poliamor, que permite tener más de una relación afectiva con total libertad, temas con bastantes similitudes al amor libre de lo años 70. Algo parecido ocurre con la aceptación de la diversidad sexual, donde la heterosexualidad está lejos de ser la única opción.

“Uno de los conflictos de los millennials es que son mal mirados por las otras generaciones. Para esta generación todo está a mano, a un clic. El amor de mi vida puede estar cerca mío o en Londres. Es como el catálogo de Tinder. Siempre hay más posibilidades, siempre puede haber algo mejor. Eso genera mucha ansiedad”.

Siempre en línea
Internet entró como un agente transformador y protagónico al terreno del amor y el romance, planteando la misma ansiedad que ahora se traduce en historias de Instagram o los temidísimos “vistos”.

Sobre la ansiedad, Michelle plantea que internet nos ha hecho un flaco favor, haciéndonos entrar en dinámicas de revisar una y otra vez si la persona está en línea, si ha contestado o actualizado su historia. “Hay tipos de personalidades que enganchan mucho más con eso. Las personas más ansiosas y ambivalentes lo pueden llegar a pasar pésimo. Y si finalmente llegan a algo, pueden ser muy controladoras viendo en todo –lo que comparten o no– señales interpretables. Desde si la última conexión al chat de WhatsApp fue a una hora inusual o las sospechas por la no actualización de las historias de Instagram.

Para la experta, el consejo más importante es tomarse las cosas con calma, porque aunque vivimos en un mundo en donde la inmediatez ya es costumbre y ver que alguien está “en línea” nos puede indicar que está disponible para nosotros, eso no se debe asumir, entendiendo que los tiempos de conexión y comunicación son personales.

Ansiedad
Para comprender la individualidad, ya sea en el plano de las redes sociales y las divergencias que pueden surgir en ese terreno, es vital entender que nos estamos acercando a una persona distinta y las formas de demostrar interés pueden ser diferentes. Por eso, la experta recomienda evitar que la comunicación se sostenga en el plano de lo digital, sugiriendo, por ejemplo, llamar o hablar en persona en vez de tener diálogos por WhatsApp.

“Esas ideas de que los hombres son de Marte, las mujeres de Venus no sirven. Es saber que la otra persona viene con una historia distinta, costumbres distintas, un contexto y formas de ver el mundo que pueden ser completamente diferentes”, agrega.

Amor propio
La idea de cuidarse y quererse primero a una misma que al resto ha adquirido cada vez más popularidad. Michelle es enfática al explicar que el amor no es un espacio donde el sufrimiento deba ser un imperativo. Y aunque dista de ser un terreno fácil, para ella tiene que ver con que las cosas fluyan: “No quiere decir que no haya que negociar o hacer algunas concesiones. Pero sí con poder ser una misma, sentirse cómoda, darte cuenta de que no cambias tu forma de ser por complacer al otro, ni te estás aislando”, explica Michelle.

Es importante aprender a convivir con nuestras inseguridades antes de embarcarnos en una relación. “Si no tengo ninguna consideración conmigo, el otro me puede decir cinco veces al día que me ama y yo no me lo voy a creer”, indica.

Desamor en tiempos de internet
“Es la peor época para el desamor, porque no se permite una real desconexión con el otro”, explica la sicóloga. Es que antes podías terminar una relación y no volver a enterarte en décadas qué pasó con esa persona, pero ahora, a través de las redes, amigos en común, y las amplias posibilidades de estancarse revisando las cuentas ajenas, provocan que el proceso de olvidar sea una hazaña.

Fuente: NuevaMujer

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