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Dolor sin límites en Venezuela

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La crisis humanitaria se acrecienta en Venezuela, la diatriba política superó la realidad y quien sufre son los ciudadanos comunes que se enfrentan al diario pesar de no poder alimentar a sus familias.

Conozcamos más de esta triste y grave situación en un trabajo de Anthony Faiola para The Washigton Post

 

Caracas (Venezuela) ‚Äst“¬ŅTe gustar√≠a ver a los peque√Īos?” pregunt√≥ Magdelis Salazar, una trabajadora social, haci√©ndome se√Īas hacia un patio lleno de gente.

Est√°bamos en el orfanato m√°s grande de Venezuela y era la hora despu√©s del almuerzo. El patio era una carrera de obst√°culos con ni√Īos abandonados. Uno de ellos, de unos tres a√Īos, estaba sentado en una patineta.¬†Se llamaba “El Gordo” (era uno de los m√°s “gordos” de aquel lugar). Pero cuando lo dejaron aqu√≠, hace unos meses, era un manojo de huesos.

Pas√≥ por delante de una ni√Īa, tambi√©n de unos tres a√Īos, que luc√≠a una camisa rosa con diminutas flores.¬†“Ella no habla mucho”, dijo uno de los asistentes mientras tocaba su pelo rizado. Su madre la dej√≥ en una estaci√≥n de tren con una bolsa de ropa y una nota rogando que alguien le diera de comer.

Las tasas de pobreza y hambre se disparan a medida que la crisis econ√≥mica en Venezuela deja las estanter√≠as vac√≠as de alimentos, medicinas y pa√Īales para beb√©s. Algunos padres ya no pueden soportar m√°s esta situaci√≥n. Y est√°n haciendo lo impensable: entregar a sus hijos.

“La gente no puede encontrar comida”, me dijo Salazar. “No pueden alimentar a sus hijos, los est√°n entregando no porque no los quieran, sino porque los aman“.

Ni√Īos durmiendo en Bambi Home, en Caracas (Venezuela) (The Washington Post / Alejandro Cegarra)

Ni√Īos durmiendo en Bambi Home, en Caracas (Venezuela) (The Washington Post / Alejandro Cegarra)

 

Antes de mi reciente viaje a Venezuela para hacer un reportaje, hab√≠a escuchado que las familias estaban abandonando o entregando a ni√Īos.¬†Sin embargo, fue un aut√©ntico desaf√≠o poder conocer a las v√≠ctimas m√°s peque√Īas de esta naci√≥n rota.¬†Mis peticiones para ingresar en orfanatos administrados por el gobierno socialista no hab√≠an recibido respuesta.¬†Un funcionario de protecci√≥n de menores, que me advirti√≥ de las condiciones devastadoras, incluyendo la falta de pa√Īales, me asegur√≥ que esta visita ser√≠a algo “imposible” de realizar. Algunos centros de crisis para ni√Īos administrados por entidades privadas tienen miedo de dejar pasar a un periodista porque podr√≠a da√Īar las delicadas relaciones con el gobierno de Nicol√°s Maduro.

Mi compa√Īera venezolana Rachelle Krygier me habl√≥ de Fundana, un imponente complejo de cemento construido en lo alto de una colina al sureste de Caracas.¬†Su familia hab√≠a fundado el orfanato sin fines de lucro en 1991. Su madre sigue estando al frente de la junta directiva. Rachelle record√≥ haber sido voluntaria hace una d√©cada, cuando era estudiante y los ni√Īos que estaban en ese lugar hab√≠an sido v√≠ctimas de abuso o negligencia.

No hay estad√≠sticas oficiales sobre cu√°ntos ni√Īos son abandonados o enviados a orfanatos por sus padres por razones econ√≥micas.¬†Pero las entrevistas con funcionarios de Fundana y otras nueve organizaciones privadas y p√ļblicas que manejan ni√Īos en crisis sugieren que los casos se cuentan entre cientos o m√°s a nivel nacional.

El a√Īo pasado, Fundana recibi√≥ aproximadamente 144 solicitudes para colocar ni√Īos en sus instalaciones, en comparaci√≥n con las 24 de 2016, cuya gran mayor√≠a estaban relacionadas con las dificultades econ√≥micas.

No sab√≠a qu√© m√°s hacer“, dec√≠a Ang√©lica P√©rez, una madre de tres hijos de 32 a√Īos, con l√°grimas en sus ojos.

Una tarde, se present√≥ en Fundana con su hijo de tres a√Īos y sus dos hijas, de 5 y 14 a√Īos. Perdi√≥ su trabajo de costurera hace unos meses.¬†Cuando su hija menor enferm√≥ gravemente en diciembre y el hospital p√ļblico no ten√≠a medicamentos, ella gast√≥ sus √ļltimos ahorros en comprar una pomada en una farmacia.

Un grupo de ni√Īos en el centro Bambi House, el segundo orfanato privado m√°s grande de Venezuela (The Washington Post / Alejandro Cegarra)

Un grupo de ni√Īos en el centro Bambi House, el segundo orfanato privado m√°s grande de Venezuela (The Washington Post / Alejandro Cegarra)

 

Su plan: dejar a los ni√Īos en el centro, donde sab√≠a que ser√≠an alimentados, para poder viajar a la vecina Colombia para buscar trabajo.¬†Esperaba que finalmente pudiera recuperarlos.¬†Por lo general, a los ni√Īos se les permite permanecer en Fundana de seis meses a un a√Īo antes de ser asignados en hogares especiales o en adopci√≥n.

“No sabes lo que es ver a tus hijos pasar hambre”, me confesaba P√©rez. “No tienes idea. Siento que soy responsable, como si les hubiera fallado.¬†Pero lo he inventado todo. No hay trabajo y en poco tiempo se quedan s√ļper delgados“, relataba.

“¬°Dime! ¬ŅQu√© se supone que debo hacer?” exclamaba.

Venezuela cay√≥ en una profunda recesi√≥n en 2014, golpeada por una ca√≠da de los precios mundial del petr√≥leo y por a√Īos de mala gesti√≥n econ√≥mica. La crisis ha empeorado en los √ļltimos meses.¬†Un estudio realizado por Caritas, la organizaci√≥n ben√©fica cat√≥lica que trabaja en las √°reas m√°s pobres de cuatro estados, encontr√≥ que el porcentaje de ni√Īos menores de cinco a√Īos que carec√≠an de una nutrici√≥n adecuada hab√≠a aumentado hasta el 71 por ciento en diciembre, cuando siete meses antes ese proporci√≥n se situaba en el 54 por ciento.

El Ministerio de Bienestar Infantil de Venezuela no respondi√≥ a las solicitudes de comentarios sobre el fen√≥meno de ni√Īos abandonados o enviados a orfanatos a consecuencia de la crisis.¬†El gobierno socialista ofrece cajas gratuitas de alimentos a las familias pobres una vez mes al mes, aunque ha habido demoras debido a que los costos de los alimentos se han disparado.

Durante a√Īos, Venezuela ten√≠a una red de instituciones p√ļblicas para ni√Īos vulnerables: estaciones tradicionales para quienes necesitan protecci√≥n temporal o a largo plazo.¬†Pero los trabajadores de bienestar infantil dicen que las instituciones est√°n colapsando y que algunos corren el riesgo de cerrar debido a la escasez de fondos¬†y otros est√°n en situaci√≥n cr√≠tica porque carecen de recursos.

Entonces, cada vez m√°s, los padres dejan a sus hijos en las calles.

En el arenoso distrito de Sucre, en Caracas, por ejemplo, ocho ni√Īos fueron abandonados en hospitales y espacios p√ļblicos el a√Īo pasado, en comparaci√≥n con los cuatro de 2016. Adem√°s, los funcionarios dicen que registraron nueve casos de abandono voluntario por razones econ√≥micas en un servicio de protecci√≥n infantil en el distrito en 2017, a pesar de que el a√Īo anterior no hab√≠an registrado ninguno. Un funcionario de bienestar infantil de El Libertador, una de las zonas m√°s pobres de la capital, calific√≥ de “catastr√≥fica” la situaci√≥n en los orfanatos p√ļblicos y los centros de atenci√≥n temporal.

“Aqu√≠ tenemos graves problemas”, dijo el funcionario,¬†que habl√≥ bajo condici√≥n de anonimato por temor a las represalias del gobierno autoritario. “Definitivamente hay m√°s ni√Īos abandonados. No es solo que haya m√°s, sino que sus condiciones de salud y nutrici√≥n son mucho peores. No podemos ocuparnos de ellos”, explica.

Con el sistema p√ļblico colapsado,¬†la carga recae cada vez m√°s en las instalaciones privadas administradas por organizaciones sin fines de lucro y organizaciones ben√©ficas.

Leornardo Rodr√≠guez, que controla una red de 10 orfanatos y centros de atenci√≥n en todo el pa√≠s, se√Īala que en el pasado, los ni√Īos que llegaban a sus centros casi siempre proced√≠an de hogares donde hab√≠an sufrido abuso f√≠sico o mental.¬†Pero el a√Īo pasado, las instituciones recibieron docenas de llamadas, hasta dos por semana, de mujeres desesperadas que iban a dar luz a sus hijos y estaban preocupadas por la alimentaci√≥n de los reci√©n nacidos. La demanda es tan alta que algunas de sus instalaciones ahora tienen listas de espera.

Para gestionar el aumento de la demanda en Fundana, la organizaci√≥n abri√≥ una segunda instalaci√≥n en Caracas con la ayuda de donantes privados. Pero a√ļn ten√≠a que rechazar docenas de solicitudes para recibir ni√Īos. En Bambi House, el segundo orfanato privado m√°s grande de Venezuela, las solicitudes de colocaci√≥n aumentaron en un 30 por ciento el a√Īo pasado, seg√ļn Erika Pardo, su fundadora.

Las familias que acogen a ni√Īos est√°n pidiendo ni√Īos mayores porque los pa√Īales y los medicamentos son imposibles de encontrar o son muy caros“, lament√≥. En esa l√≠nea, el n√ļmero de mujeres embarazadas que buscan poner a sus hijos en adopci√≥n tambi√©n est√° incrementando considerablemente.

Jos√© Gregorio Hern√°ndez, due√Īo de una de las principales agencias de adopci√≥n de Venezuela, Proadopcion, dijo que en 2017,¬†su organizaci√≥n recibi√≥ de 10 a 15 solicitudes mensuales de mujeres embarazadas que deseaban dar a luz a sus beb√©s, en comparaci√≥n con una o dos solicitudes por mes en 2016. Abrumado ante tanta demanda, la organizaci√≥n tuvo que rechazar a la mayor√≠a de las mujeres. Acept√≥ 50 ni√Īos en 2017, frente a los 30 que hab√≠a acogido en 2016.

Para muchas familias venezolanas, el hambre es una opción insoportable.

Conoc√≠ a Dayana Silgado, de 28 a√Īos, cuando ingres√≥ en el nuevo centro de alimentos de Fundana dirigido a aquellos padres que est√°n sufriendo¬†las consecuencias de la grave crisis econ√≥mica. Silgado parec√≠a agotada. Los om√≥platos de su delgado cuerpo sobresal√≠an de la parte superior.

En noviembre entreg√≥ a sus dos hijos m√°s peque√Īos a Fundana¬†tras perder su trabajo como limpiadora municipal por culpa de los recortes presupuestarios de la ciudad. Ella sab√≠a que en el centro sus hijos recibir√≠an tres comidas al d√≠a.

La casa infantil de Fundana no acepta ni√Īos mayores, por lo que Silgado a√ļn estaba haciendo lo imposible por alimentar a sus dos hijos mayores, de 8 y 11 a√Īos, en su casa.

La leche, las sardinas y la pasta gratuitas ofrecidas por el centro ayudaron de alguna manera. Sin embargo, no era suficiente.

Despu√©s de cenar, seg√ļn cuenta Silgado, sus hijos le dicen: “Mam√°, quiero m√°s”.

Pero no tengo nada m√°s que ofrecerles“, lamenta.

Fuente: Infobae

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